
A principios de la semana pasada hice “ click “ a una de mis páginas favoritas de devocional en línea en donde leí lo siguiente:
“Las perlas se producen cuando cualquier objeto desconocido entra al interior de la ostra y la daña, causando fuertes heridas en ella, en reacción a la herida la ostra desprende una substancia llamada nácar que cubre dicho objeto dañino. Entre mayor capas de nácar se acumule en la herida es como la perla se forma. Toma alrededor de siete u ocho años – el período de vida de la ostra – y el mismo tiempo en la formación de la perla.”
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -- - - -
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -- - - -
Es increíble saber que las perlas son creadas por una irritación.
Tú y yo nos toparemos con situaciones en la vida que son inevitables. Mismas situaciones que entran si ser invitación alguna. Sin embargo no podemos correr de ellas.
En ocasiones nos enjaulan. Y son parte de la vida en este mundo caído.
Pero también son dirigidos por Dios que es todo soberano. ¿Y con qué motivo?
Para sacar perlas de nosotros.
En tales tiempos, podemos dejar que Jesucristo convierta nuestra experiencia dolorosa en una perla, o tenemos la opción de llenarnos de amargura y culpar a otros, incluyendo a Dios. O como una tercer alternativa, dejar que la herida nunca sane así como lo describe Hebreos (12:15) dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que botando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”
Tener una devoción pura con el Señor es vivir en fe. Con un espíritu paciente, teniendo la completa certeza de que como creyentes, ceder todos “nuestros derechos” para seguir a Cristo en medio de todas las circunstancias de la vida.
Sé que así podré obtener la hermosa seguridad que solo Dios da y está a cargo de todo aquello que viene, y que El intenta el usarme a futuro transformando el carácter a Su semejanza. (:
Hay una pasividad perfecta que no es indolencia. Es una quietud viva que nace de la confianza, cuando escuchamos la voz de Dios que nos dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”
“Cada experiencia dolorosa es una oporortunidad para conocer a Dios más a fondo."
